[Reseña] Dishonored



ESTA RESEÑA NO CONTIENE SPOILERS



Dishonored es un juego de acción y sigilo en primera persona que jugué por primera vez hace prácticamente una década. Recientemente le he dado otro par de vueltas para comprobar si se mantenía en forma. Sorprendentemente, sí. No es que esperase lo contrario, pero no es el tipo de juego que suela disfrutar, y mucho menos hoy en día que me he vuelto más exigente (y no sé hasta qué punto es bueno), pero el caso es que lo he hecho y vengo a contarte por qué.

Todo empieza con Corvo, el protagonista, volviendo al lado de la emperatriz, pues es su guardaespaldas, pero pronto su vida da un importante giro: unos asesinos atacan a la emperatriz y secuestran a su hija Emily. Ahora Corvo deberá cooperar con un particular grupo de gente con los mismos intereses para encontrarla y vengarse de los que estuvieron detrás del asalto, y todo en un contexto social gravemente afectado por la peste.

¿He dicho que se mantenía en forma? Bueno, sí, pero no en todo. La verdad es que recordaba la historia un poquito mejor. Es una historia que mantiene tu interés, resultona, aunque también muy sencilla y con una estructura demasiado simple. Sin embargo, sí se aprecia que Dishonored ha querido dotar al mundo y sus personajes de algo de profundidad. Lo vemos sobre todo en diálogos y objetos (notas, libros, retratos...) completamente opcionales, que nos perderemos si no estamos atentos, pero ahí están. Merece la pena pararse un tiempo a observar tu alrededor. Dishonored es sorprendentemente inmersivo para durar no más de 10-15 horas. Los personajes y entornos varían entre misiones. Aunque sea un poquito, van evolucionando y enseñando qué es lo que tienen que contar y aportar al conjunto. La única pega es que todos sus diálogos casi siempre giran entorno a la trama, y muy pocas veces o nunca se abren para contarte algo más sobre ellos, lo que dificulta en gran medida que el jugador acabe conectando con ellos. La única que se salva un poco de esto es Emily.

Pero mirar a tu alrededor no solo sirve para captar detalles de world-building. La exploración se recompensa muy generosamente en Dishonored, y no solo con dinero para comprar equipo. También con otros objetos que nos permiten desbloquear habilidades o características pasivas extremadamente útiles hasta el punto de poder cambiar el modo de juego, porque si algo hace bien Dishonored es darte opciones. Explorar y probar nos abre muchas puertas.

Podemos controlar ratas de la peste.

Hablamos de un juego generalmente lineal, pero que enfatiza con gran acierto su punto fuerte: el de darnos a elegir entre un abanico enorme de posibilidades. Y esto aplica a todo, ojo. Se nos permite matar a todos, a unos cuantos, a unos pocos, no matar a nadie, hacerlo con un arma, con otra, de manera tradicional, de otra más sofisticada o incluso innovadora, atacando de cara y a lo grande, por la espalda sin ser descubiertos... Cualquier idea que se nos ocurra es factible, y lo mejor es que nunca sentirás que lo estás haciendo mal. Todo vale, y es aquí donde reside la gracia del juego. Te invita a probar unos métodos, a rejugar y probar otros caminos completamente distintos, y siempre sabiendo que no te has equivocado. En Arkane querían que el jugador pudiese adaptar el juego a su propio estilo más que adaptarse él al juego, y funciona. Funciona por lo bien diseñado y pulido que está todo, incluyendo escenarios y enemigos. Se siente verdaderamente libre y satisfactorio, hagas lo que hagas. De hecho, personalmente he encontrado más gratificante tomar el camino de la matanza indiscriminada que el de reservarme y minimizar los daños.


Y no acaba ahí. Se han considerado distintas formas de superar las misiones. Hay montones de rutas disponibles en cada zona a explorar, armas que se ajustarán mejor o peor a tus formas, y habilidades que serán más o menos imprescindibles en tu partida. Los conflictos se pueden resolver de mil maneras (si es que te los encuentras) y, de nuevo insisto, todas ellas igual de válidas. Eso sí, atente a las consecuencias por tus acciones, porque el juego cambiará según nuestro estilo. Me hubiera gustado que ese cambio se notase algo más allá del final y algún que otro detalle, pero entiendo que un juego de estructura lineal que dura 10-15 horas tampoco puede ramificarse a lo loco.


En cuanto a su estilo artístico, no soy especialmente fan pero admito que al menos posee personalidad, y la música que lo acompaña cumple bien su propósito. Del ritmo no tengo muchas quejas, aunque la última misión la he sentido un poco precipitada, y creo que podría haberse beneficiado de una división en dos misiones consecutivas, otorgándole un mayor tiempo a cada una de estas. En cualquier caso, tal como decía al empezar a escribir la reseña, Dishonored sigue siendo recomendable después de todos estos años, cosa que, ojo, no puedo decir de la mayoría de títulos que jugué hace un tiempo similar, y ha envejecido bastante bien en todos sus aspectos. Aquí se nota la importancia de no elegir un estilo visual completamente realista con temprana fecha de caducidad, y el poco valor que tiene perseguir el mundo del cine cuando títulos como este demuestran que los videojuegos pueden brillar por sí mismos por lo que son (no miro a ningún juego que salió más o menos por la misma época) sin necesidad de apartar o descuidar su aspecto jugable. El que nunca he jugado es Dishonored 2, pero después de este pienso hacerlo con ganas más pronto que tarde.