Ayer tuvimos la desgracia de presenciar los Expedition Game Awards de Geoff Keighley que, para bien o para mal (para mal), son los más relevantes actualmente en el mundillo de los videojuegos. No voy a pretender que otros años fueran increíbles, con premios justos o cargados de anuncios interesantes porque estaría mintiendo, pero este año han sido los peores Game Awards de la historia, y por supuesto han ocurrido en la peor época de los videojuegos de la historia, porque obviamente todo está relacionado. Se me hace imposible levantarme de la silla después de ver la gala y no pensar que la industria de los videojuegos está muerta.
Para empezar, el show fue ridículamente largo. 3 horas y media de absolutamente nada. Esto no es nuevo, pero sigue ocurriendo. Sé que a Geoff le gusta alargar su pretencioso show y regocijarse en su propio ego, así que no voy a pedir que dure 30-40 minutos (a pesar de que podría y no pasaría nada), pero con 1 hora y media tendríamos más que suficiente.
Bueno, ¿pero valió la pena al menos? Pues no, en absoluto, por si todavía no quedaba claro. Hace años que esta gala no vale la pena, y menos si por alguna razón aún no has aprendido la lección y decides verlo en directo desde Europa a esas horas de la madrugada. ¿Y los premios? ¿Fueron justos? Pues ahora hablaré de ellos, pero ya adelanto que tampoco, aunque el problema va más allá de las injusticias.
El nombre más sonado de la gala fue Clair Obscur: Expedition 33. Se llevó prácticamente todo. Hasta 9 premios. Si esto todavía no te hace arquear una ceja, deja que me explique. Independientemente de la calidad del juego, no tiene ningún sentido que UN único juego gane tantas categorías. Pero ya sabemos lo que se ha ensalzado este juego por todos lados. Que si el mejor RPG en años, que si el juego que Japón nunca podrá hacer, que si un punto de inflexión, que si una master class en desarrollo de videojuegos... No hace falta jugarlo para comprobarlo: ninguna de estas afirmaciones es cierta. Un poco de experiencia en el mundillo basta para saber que todo esto es imposible.
Hoy día, si un videojuego no viene de Ubisoft, EA o PlayStation, los normies lo van a considerar un indie. Expedition 33 es uno de esos casos. Hablamos de un videojuego hecho por el hijo de un billonario con la ayuda de otros ex-empleados de Ubisoft que llevan décadas de experiencia en la industria. Dicen que ha costado unos 10 millones de dólares y ha sido desarrollado por un estudio de unas 30-35 personas. No tengo pruebas pero tampoco dudas de que tiraron bastante por lo bajo cuando revelaron el presupuesto, y aunque el estudio cuente con 30-35 personas, aquí no están contando las varias empresas subcontratadas que también forman parte del desarrollo. Al final, no me extrañaría si ese número se multiplicara por diez. Muy indie, sí. Incluso si tomamos los datos revelados como honestos, un estudio indie no puede tener ni de coña 10 millones de dólares preparados para gastarlos en un único juego, y 30 desarrolladores es, de toda la vida, una cifra propia de una empresa doble A. Personalmente, no solo creo que Expedition 33 no califica como indie bajo ningún concepto, sino que, siendo un doble A, es de los tochos. Porque, de nuevo, no me creo lo de los 10 millones. ¿Qué hay de la publicidad? El juego ha gozado de bastante buena publicidad en muchos sitios, y la excusa del boca a boca y de la calidad no vale si ya se olía el hype hasta antes de salir. La publicidad es la que se ha encargado de esto, y no es precisamente barata. Por no hablar de todo lo que se ha ensalzado post-lanzamiento y el hecho de que que Geoff haya decidido dejar de lado hasta a su amigo Kojima para que Expedition 33 se llevase un par de premios más. Yo lo veo claro. Huele a esfuerzo coordinado por hacer que compremos el juego casi por instinto. No, no es fenómeno natural que pueda conseguir un pequeño estudio indie. Incluso Silksong, un juego mucho más esperado desde hace años, no ha logrado igualar la repercusión de Expedition 33. Aquí hay dinero de por medio. Mucho dinero, y evidentemente más del que un estudio indie podría permitirse. Y a pesar de todo mira. No solo ha ganado un premio al mejor indie, sino dos. Es una falta de respeto con todas las letras.
Pero bueno, vamos a echarle un vistazo también al resto de premios. En realidad, y aunque parezca contradictorio con lo que he dicho antes, no tengo nada en contra de Expedition 33 y creo sinceramente que se merecía ganar en la mayoría de categorías. ¿Has visto el resto de candidatos? Ha sido un año mediocre, siendo muy generosos. Claro que voy a preferir Expedition 33 mil veces antes en la mayoría de categorías que ha ganado salvo por unas pocas excepciones. Incluso lo habría votado en la categoría de mejor RPG, lo cual es triste, porque una de las dos cosas que más me tiran para atrás de todo Expedition 33 es su sistema de combate. Para bien o para mal, el juego está claramente hecho para gente que no le gustan los RPGs por turnos (es decir, el público mainstream), y el sistema de parries es prueba de ello. El combate queda inmensamente simplificado hasta el punto en que se carga la propia base de la estrategia en un sistema de turnos, que radica en calcular el balance de daños entre varias posibilidades y decidir tus movimientos para optimizar la eficiencia. Aquí con un parry bien medido le quitas la mitad de la gracia. Es un sistema que incorporan RPGs sencillos, pensados para gente sin experiencia en el género, como Mario & Luigi o Paper Mario. No digo que sean malos juegos. Yo mismo disfruto con Mario & Luigi, pero como RPG van justitos. No es su punto fuerte. Sin embargo, Expedition 33 recibió elogios como "ha roto los moldes del JRPG". ¡Y eso que ni siquiera es un JRPG! Es bochornoso leer reseñas de "periodistas" supuestamente profesionales sobrevalorando el juego por características que, en realidad, presenta prácticamente cualquier RPG japonés. Absolutamente todo lo que ofrece Expedition 33 se ha visto ya, mucho antes y muchas veces, pero por alguna razón solo cuenta cuando el juego no es japonés, a pesar de que, eso sí, se le ponga la etiqueta de "JRPG". Supongo que se trata de despreciar el rol japonés pero solo cuando es japonés. Puede que hayas visto el meme del JRPG por turnos empezando en Final Fantasy VII y luego hubo un vacío histórico hasta Persona 5. Pues estos "periodistas" y otros normies asumen genuinamente que este meme es cierto, aunque no lo digan públicamente o incluso si no son conscientes de ello. En su interior lo piensan. Es por esto que tratan a Expedition 33 como algo milagroso, porque para ellos es el tercer JRPG por turnos de la historia. ¿Y se supone que estos tíos saben? ¿Que son profesionales? Imagina tomárselos en serio.
También ganó el premio a la mejor dirección artística. Dicho de otro modo, lo mejor que puede ofrecer la industria este 2025 desde una perspectiva artística es la enésima fantasía hiperrealista, que chirría continuamente al rozar con el festival de efectos de partículas de Unreal Engine 5, con personajes de diseños genéricos corriendo por escenarios llenos de elementos extrañamente esporádicos e incoherentes. Una obra que apuesta por un batiburrillo de interfaces a veces minimalistas y otras adornadas, colocadas a lo Persona 5. Pues no, no creo que esto sea lo mejor del año a nivel artístico. Silksong es mucho más cohesivo y le da mil vueltas, por mencionar otro candidato. Del resto de candidatos, tanto Ghost of Yotei como Death Stranding 2 son slop hipperrealista, más feos, mientras que Hades 2 cuenta con desagradables diseños de personajes que parecen salidos de Tumblr. Bien pensado, lo triste es que Expedition 33 era la segunda mejor opción entre todos estos candidatos.
Y en las demás categorías, o me parece bien la victoria de Expedition 33, o me es indiferente y no voy a comentarla. Hay demasiados premios, y sin embargo se nota enseguida la carencia de otros. ¿Cómo es posible que DOOM: The Dark Ages esté en la categoría de mejor juego de acción? ¿Qué significa "juego de acción" para Geoff? Lo han metido ahí porque, por alguna razón que no me explico, no existe la categoría "mejor juego de disparos". No obstante, sí existen categorías inútiles y arbitrarias como "Games for impact" o "Innovation in accessibility", que nadie ha pedido (excepto, quizá, los que no juegan videojuegos) pero que, vamos a ser sinceros, están ahí por motivos políticos. No por otra razón Sweet Baby Inc. se ha llevado el premio a "Games for impact" con su South of Midnight. Y, por cierto, fue DOOM: The Dark Ages el ganador en "Innovation in accessilibity" por sus mil configuraciones de dificultad para que hasta un bebé pueda jugar en modos insultantemente fáciles, y de paso sirve como excusa para que los desarrolladores se ahorren tener que testear y medir con precisión el diseño de su propio juego, y así ese tiempo lo usan para meter parries porque todo juego tiene que tener mecánica de parry ahora, incluido el puto DOOM. Y parece que la categoría "Players' voice" este año ha sido enteramente decidida por infinitos bots chinos.
Si pasamos a los anuncios la decepción es mayor. Todos los juegos me han parecido igual de poco interesantes porque todos ellos lucían exactamente IGUAL: hiperrealismo con pistolas, hiperrealismo medieval asiático o, de vez en cuando, hiperrealismo con fantasía oscura. Repite ad infinitum. Industria creativamente muerta. Para colmo, en 3 horas y media apenas han salido unos pocos minutos de gameplay. ¿Qué se supone que me quieren vender aquí? Ni siquiera sé si voy a poder jugarlos en los próximos 5 años.
Y para rematar, no pude evitar reírme cuando vi a Geoff anunciando el último trailer como algo legendario, espectacular, inédito... y resulta ser, en esencia, Concord 2. Un breve recordatorio de que Half-Life 3 nunca saldrá porque los streamers que se pasan 15 horas todos los días del año jugando al mismo puto juego una y otra vez prefieren otro hero shooter. Y eso es lo que están buscando sus desarrolladores, convertir su producto en un nuevo Fortnite. Cero valor artístico. Cero pasión. Pues lo dicho. Otro año más que olvidaremos rápidamente y que deja aún más claro por qué está industria necesita implosionar y cambiar radicalmente.