Esta saga siempre da una de cal y una de arena, y esta vez tocaba uno malo. Visualmente luce menos genérico de lo que pensaba, las animaciones son muy fluidas y el diseño de personajes sigue estando a la altura de Xillia o Berseria, para mi las mejores entregas, pero hasta aquí lo bueno.
Más allá de su diseño, los personajes son planos, constantemente serios y, cuando no, el humor es aburrido, cero provocativo, demasiado safe. Las skits son insustanciales, sin anécdotas graciosas o memorables, casi siempre sobre lo bien que lucha uno o repitiendo el poco interesante trasfondo de otro, sin apenas química entre personajes salvo, tal vez, Alphen y Shionne, los protagonistas (los del medio de la primera imagen).
El combate se ve fluido pero es extremadamente repetitivo. Todos los enemigos se derrotan igual: pulsar botones con cierto orden y usar habilidades cuando estén listas o veas alguna señal. En general, la saga entera peca de esto, pero en este, además, las peleas se hacen más largas que en ninguna otra entrega, especialmente los jefes, cuya única dificultad consiste en ser esponjas de vida. Los enemigos son muy genéricos y hay alarmante poca variedad de diseños. La gran mayoría de desbloqueables del árbol de habilidades de cada personaje son prácticamente inútiles.
A nivel narrativo, ojo, el Tales Of más "adulto", decían. Al final resulta ser un juego que maneja el nivel de profundidad de "la venganza es mala porque genera más odio" o "no todos los malos son malos". Vamos, el concepto de adulto que podría tener un niño de 12 años. Los giros me han dejado tan indiferente y hay tal ausencia de picos, giros o cualquier cosa que despierte mi interés, que no me veía motivado a seguir, por eso lo he abandonado después de 25 horas que ya son más de las que se merecía. Una entrega olvidable.